Escribe: Felipe Martínez Reyes. Administrador Público y Psicoeducador, Ex CORE de La Araucanía.
Es muy destacable que el Presidente José Antonio Kast en menos de un mes de gobierno visite un centro de atención de menores de edad y presente al país una propuesta de justicia para la infancia que sufre grave vulneración de derecho. Se trata del plan “Crecer en Familia” que pretende otorgar un mayor respaldo a las actuales Familias de Acogida que ya existen pero que juegan un rol bastante marginal en la política pública en materia de infancia.
Actualmente, todos los jueces de los Tribunales de Familia ven como una opción de “última ratio” el transferir los cuidados de un niño desde su familia de origen hacia una residencia, esto se evita a como dé lugar, porque se asume que los niños siempre estarán mejor en casa de un pariente ya sea de su familia nuclear o extensa que en una residencia. En Chile, no se “llevan niños de las casas” hacia los hogares de acogida por cualquier motivo superfluo, sino que se hace todo lo posible por habilitar las competencias parentales de los padres o cuidadores de los niños, para evitar la institucionalización de éstos y producir un desarraigo familiar.
Aquellas familias que amablemente reciben a un niño de edades entre 0 y 4 años en su seno, perciben un apoyo económico de parte del programa que oscila entre los 100 y 200 mil pesos mensuales, una cantidad insignificante, que no alcanza a constituirse como un genuino incentivo para que esta política pública tenga mayor auge. Tampoco se le da visibilidad y recompensa moral suficiente a aquellos que llevan a cabo este gesto de amor. Se requiere, por tanto, un cambio en el trayecto de nuestra sociedad, una genuina valoración por esta vocación, por este esfuerzo.
No obstante, la mirada del estado debe ser integral, actualmente existe una crisis de la que pocos hablan, consistente en figuras parentales que son negligentes y que exponen a sus hijos a situaciones de vulneración (por acción u omisión). Esta crisis de parentalidad, esta crisis en la crianza familiar continúa siendo real, muy vigente en todas las regiones del país, sin distinguir monto de ingresos o situación socioeconómica. Lamentablemente tenemos muy pocas instancias de formación y apoyo para la familia nuclear. Nadie nace sabiendo ser padre o madre, pero, son muy pocos los espacios que permiten desarrollar estas destrezas de crianza o parentalidad positiva, tan necesarias hoy en día. Antes, la crianza se desarrollaba en contexto de la familia extensa, los abuelos y tíos participaban activamente en los cuidados de los niños, pero hoy en día, tenemos miles de parejas aisladas de sus familiares por motivos laborales u otros, que finalmente se ven expuestas a situaciones de bastante estrés.
Reforzar las políticas públicas en materia de infancia en dificultad es un imperativo moral muy descuidado en Chile, pero también, reforzar las competencias parentales es otra urgencia social que no debe abandonarse. Siempre el hogar de origen será lo mejor, por eso, la prevención de negligencias y vulneraciones de derecho, es un camino que debe abordarse sin dejar de lado a quienes entregan su tiempo y afecto a un niño que no pudo ser adecuadamente cuidado y contenido en su familia de origen. El estado al servicio de la familia chilena, ese es el camino.








